
Contemplar, desde la ventanilla del helicóptero, que nos trae desde la vecina Vancouver, como surge, en medio de la naturaleza, el complejo hotelero de Nimmo Bay, es una experiencia que ya merece la pena vivir. Sin embargo, todo mejora en cuanto se pone un pie en tierra, a las puertas de este pequeño, pero lujoso destino situado en medio de la nada.
Situado en la costa oeste de Canadá, apartado de la vida civilizada, sin apenas contacto con el resto de la humanidad, que sólo recuerda su existencia por el lejano paso de algún crucero rumbo a Alaska.
Alojados en uno de los nueve chalés que forman el complejo, asentado sobre pilotes en la bahía con forma de fiordos, es mucho más probable el contacto visual con los grupos de orcas o marsopas que pasan cerca de la costa que con miembros de nuestra propia especie.

Las actividades habituales van desde la tranquilidad de una jornada en la playa a la práctica del rafting o, incluso, un más relajado viaje en kayak. De todos modos, las más impactantes, son las que implican el viaje en helicóptero.
El complejo hotelero cuanta con un piloto a jornada completa que puede llevar a los visitantes a disfrutar de un picnic a casi dos mil metros de altura, a visitar a los vecinos indios Kwakiutl o pescar gigantescos salmones y truchas. Para recuperar fuerzas tras tanta emoción, resulta de lo más recomendable un baño al aire libre, a los pies de las cascadas naturales junto a la montaña.
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